Sí, el enorme poder de los abuelos. No sólo por su fuerza emocional y vincular en nuestra niñez...placentera (si has tenido la suerte de tener una abuela tierna, dulce, comprensiva, quizás con carácter pero cariñosa) u horrorosa (también las hay...que te exigen y regañan...o que escenifican una relación con sus hijos, tus padres, tan terrible que , presenciada por el nieto, queda espantado).
Pero las cosas cambian, pueden cambiar, y mucho.
El tiempo ha pasado. Ahora somos padres/madres con hijos que tienen un abuelo nuevo...y vaya sorpresa!..nuestros padres/madres, con sus virtudes y sus defectos, despliegan sobre nuestros hijos un afecto que resulta difícil no imaginarse que, de niños, uno estuvo también en sus brazos y fue besado, esperado, malcriado, consentido, festejado con pasión.
Un buen estimulante para el autoestima.
¡Salud por los abuelos! Por nuestros hijos, y... por nosotros.
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Psicólogos y Mediación familiar Madrid
lunes, 31 de octubre de 2011
lunes, 10 de octubre de 2011
Creación
Pienso que las personas podemos trascender a través del arte; la música, la pintura, el cine, la poesía hacen “ir más allá” a la persona que los ejecuta. En realidad, me digo, creo que trascendemos creando…y sin duda que el arte en su mayor exponente. Pero ¿sólo en el arte hay creación?
Con “ir más allá” me refiero a sentirnos siendo, nosotros mismos, únicos, valiosos, eternos en el momento. La creación como acto (y pensamiento) que rompe con lo repetitivo, con lo rutinario, con lo constituido.
El arte también puede ser rutina y repetición.
Creando, pienso en cualquier situación donde podemos encontrarnos a nosotros y a otros de otra manera.
Un padre cuenta a su hijo un cuento por la noche. A diferencia de todas las otras noches el padre, esta vez, siente que es parte de la historia que cuenta y transmite a los personajes del cuento, con su voz, unas emociones que otrora estaban ausentes.
Un madre puede entender por qué su hija adolescente se enfada, con rabia, con ella…es la primera vez que puede recordar como se sentía ella frente a su madre.
Un hombre por la noche. Tras horas de rabia por el daño que sentía le habían hecho puede parar y pensar “¿qué me pasa con los otros que siempre salgo dañado?
Actos creativos…quizás insignificantes… pero regeneradores del sentimiento de vitalidad, de agencia de nosotros mismos. Insignificante y enorme a la vez…enorme en el proceso de permitir a nuestra mente nuevas emociones, nuevos lugares, nuevas maneras de percibir, de entender las relaciones con los otros.
lunes, 26 de septiembre de 2011
Autocrítica
Si hay algo que nos desgasta es la autocrítica…nos desnuda, nos paraliza, nos exige un esfuerzo de solución sobrehumano…
La autocrítica, la culpa, la inculpación excesiva que inunda, ataca, corroe…y podemos verla en diferentes facetas, bajo diversos rostros:
- “¿Por qué no has hecho/dicho esto o aquello?
(Esto es, preguntando, afirmando en realidad, que uno ha quedado debajo de lo esperado por sí mismo).
- “Eres imbécil”, “Eres un/a incompetente” o “Eres un…”
(A través del ataque y denigración directa).
- A través de la insatisfacción, a pesar de los logros y metas obtenidos,…esa sensación “lo he conseguido y aún así no me siento bien”.
Y es que, mirándonos bien, esta “otra faceta” nuestra se ha ocupado y agenciado un lugar de importancia dentro de nuestra manera de funcionar…por ejemplo, como manera de activarse a sí mismo, como si no pudiéramos funcionar sino bajo la amenaza del látigo y el castigo.
“¿Qué no te sientes capaz!!?...no te quedes… ¡¡afróntalo cobarde!!
Como manera de controlarnos a nosotros mismos, esto es, como si ante una situación placentera, frente a un logro, la otra parte de nosotros creyera que se nos va a ir de las manos, que no vamos a saber controlarlo…
“No te creas que por haber hecho estas buenas relaciones eres una persona agradable...no vaya a ser que te den un plantón y veas quién eres en realidad!!!”
Bajada de humos, podríamos decir.
Y es que en las situaciones de mayor tensión, entre uno mismo y la autocrítica, las personas sentimos una verdadera división de nosotros mismos, un uno contra uno.
“Parecieran dos personas diferentes que se están peleando” nos dicen algunas personas.
Para colmo, para mayor dificultad, nos damos cuenta que se encuentra bien arraigado en nosotros, no es fácil desmontarlo y, otra característica de esta autocrítica, es injusta. Si, es injusta. Desaparece en momentos en que nos achacamos todo tipo de responsabilidades negativas, eso sí es nuestro!!!...somos inadecuados, inútiles, inferiores…ahí no hay duda…. (Freud lo llamaba masoquismo del yo) y, en cambio, cuando tenemos que recoger aquellos frutos que por nuestras capacidades hemos sembrado... ¡“No te lo mereces!! “Es por la suerte, no has sido tu”. (Freud lo llamaba, como contrapartida del primero, Sadismo del superyo, sadismo de la autocrítica diríamos).
Ay!!! Mi bendita (y sádica) autocrítica.
jueves, 8 de septiembre de 2011
La capacidad de ser padres
“Contra sus temores...” “…ser padre resultó para Rímini una de esas facultades secretas que, mientras nada en el mundo que nos rodea las exige, son a menudo irreconocibles para nosotros mismos, pero después, …” “…por la simple existencia de un estímulo exterior nuevo, saltan a la vista y se despliegan con una eficacia milagrosa, haciendo gala de la idoneidad y la gama de recursos de las que antes nos creíamos completamente desprovistos”. (1)
En este párrafo nos parece muy interesante lo que describe el autor: ciertas facultades (para ser padres) se despliegan, se desarrollan o podríamos decir, incluso, que recién las podemos ver en nosotros en cuanto “un estímulo exterior” (el bebé) aparece.
A partir de aquí nos surgen dos preguntas:
¿Cuáles son estas facultades (capacidades) que se despliegan al nacer (o adoptar) un niño?
¿Qué determina el surgimiento, o no, de tal o cual capacidad?
En cuanto a la primera pregunta responderemos, siguiendo a Emilce Dio Bleichmar (2), que entre algunas de estas capacidades podemos mencionar las siguientes:
- “Capacidad para hacerse cargo del mantenimiento de la vida detectando los riesgos para la integridad física, ya sea en forma personal o proveyendo los medios.”
- “Capacidades para la regulación de los estados fisiológicos: sueño, hambre, dolor, temperatura.”
- “Capacidad de disfrutar en el contacto, en las exigencias de disponibilidad y de respuesta emocional de la crianza, lo que se evidencia en interacciones afectivas naturales, espontáneas, auténticas y adecuadas al contexto.”
- “Capacidad para estar presente, disponible y comprometido en los cuidados.”
- “Capacidad de pedir ayuda y confiar en los otros.”
- “Capacidades para reconocer, respetar y entonar estados emocionales displacenteros sin reprimirlos, sino contribuyendo a su equilibración.”
Estas son algunas de las capacidades que podemos mencionar…y, visto así, la verdad, asusta. Somos padres y punto; o nos planteamos ser padres y ni se nos ocurre pensar en esto. Pero si hacemos una abstracción de nuestra relación con nuestros hijos, podríamos encontrar a cada una de estas capacidades en nuestro día a día.
Debemos decir además que esta mención no es, ni mucho menos, un “catálogo de capacidades para ser padres” ni es, tampoco, un requisito mínimo exigido para tal tarea.
Si observamos como en la pareja de padres (indistintamente del sexo o, en caso de familias monoparentales, aquél que presta ayuda o auxilia) estas capacidades aparecen, muchas veces, como complementarias, como por ejemplo uno de los miembros de la pareja se hace cargo del biberón por la noche, el otro de día, o la madre amamanta al bebé en brazos y el padre cambia, baña, le arrulla…o un miembro de la pareja es quien consuela en momentos de llanto, tranquiliza, mientras el otro está presente en la hora de juego, etc.
También podemos observar en algunos casos que algún miembro de la pareja se siente “incapacitado” (sin capacidad o con déficit de esta), por ejemplo, quizá un miembro de la pareja no puede quedarse solo con el bebé por miedo a no saber cuidarle, calmarle en momentos de llanto, o temer que sin la presencia del otro el niño corra peligro, etc.
Pero así como es claro esta dificultad, también es claro que estas personas “enganchan” con el bebé (son capaces de poner en marcha otras capacidades) en cuanto este ha crecido y, por ejemplo, a podido sentarse, balbucear un “papá” o “mamá”, interactuar de una manera “más social” con este adulto.
Miguel Pedano.
2) Emilce Dio Bleichmar. Manual de psicoterapia de la relación padres e hijos. Barcelona, Paidós, 2005. Pág.448-449.
sábado, 6 de agosto de 2011
Tomarse vacaciones…de uno mismo.
En ocasiones sentimos una fuerte necesidad, no de irnos lejos y perderse, no de estar descansando 10 días en una playa, no…sentimos un fuerte deseo de tomarnos vacaciones de nosotros mismos.
Imagínense. Unas vacaciones de mi conmigo, un alejamiento temporal de mi con yo; una distancia, o mejor que una distancia, un dejarnos de ver por un tiempo.
Vacaciones de uno mismo.
Dejar de tener las mismas ideas y preocupaciones…tener preocupaciones sí pero otras…buscar alternativas diferentes (no siempre las mismas y reiteradas soluciones) a esas preocupaciones. ¡Qué cansancio! Los mismos miedos y las mismas imágenes que le acompañan; los mismos proyectos que alcanzar y sus decepciones; las mismas rabias y enojos…
¡Siempre la misma manera de hablarme a mi mismo!
Quizás pudiéramos pensar que el punto importante puede estar en la relación que mantengo conmigo mismo. Quizá, pienso, si pudiera cambiar esta relación (no tan inquisidora, o no tan exigente, o no tan frustrante…) pueda comenzar a sentir, pensar, preocuparme, enfadarme de una manera diferente.
Quizás, así, nos podríamos ir juntos de vacaciones.
miércoles, 6 de julio de 2011
La comunicación en la pareja
Si otorgo y acepto una determinada manera de ser con el otro, de comportarme con mi pareja, de reaccionar, de sentir que me propone mi pareja. ¿Siento que dejo de ser yo? ¿Pierdo la sensación de ser yo mismo? ¿Me siento agobiado/a, apagado/a, enfadado/a con mi pareja?
Momentos de crisis que llevan, al contrario de lo que pudiéramos pensar, a un mayor crecimiento personal y de la pareja: personal porque nos acomodamos (y el otro se acomoda) a nuevas formas de sentir, pensar, comprender, que nos dan una visión más rica del otro y de nosotros; de la pareja, porque lleva a la búsqueda de nuevas formas de comunicación, de expresión…
Decíamos al comienzo que todo esto sucedía al inicio de la conformación de la pareja y, en realidad, estos procesos de cambio son continuos…basta con la modificación, aunque sea pequeña, de uno de los integrantes o de la pareja para que esta entre en un proceso de cambio, pongamos por ejemplo el tener un hijo, la asunción de un nuevo trabajo y su consiguiente cambio de rol, el surgimiento de la necesidad de nuevas experiencias (que la rutina más rígida ha deteriorado), etc.
¿Cuánto le importo al otro? ¿Cómo mido esto? ¿Son las relaciones sexuales un buen termómetro para ello?...La sexualidad en la pareja…importantísimo…
Escribe Stephen A. Mitchell (psicoanalista americano ya fallecido):
“Si el acceso emocional al otro (la pareja) es tan complejo como he indicado, las experiencias mutuas intensamente placenteras tienen múltiples significados. Como la excitación sexual implica una reacción fisiológica muy fuerte, y dado que la respuesta emocional del otro nunca puede darse por un hecho-a diferencia de su presencia física-, los contactos sexuales contienen un elemento de riesgo y tragedia. ¿Estará ahí el otro, y de qué manera? Cuándo la sexualidad se acerca a la verdadera intimidad, a una búsqueda espontánea de franco intercambio emocional, uno se pone en manos del otro…” “De esta forma, la sexualidad desempeña un papel medular en casi todas las relaciones íntimas”. “Lo fundamental es establecer y conservar la relación, y acaso el medio más fuerte en el que la intimidad y el contacto emocional de buscan, se establecen, se pierden y se recuperan, es en el intercambio mutuo de intenso placer y respuesta emocional”. (1)
Miguel Pedano.
1. Stephen A. Mitchell. Conceptos relacionales en psicoanálisis.Una integración”. 1993. Siglo veintiuno editores. Págs. 129/130. Entre paréntesis nuestro.
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