Psicología y Mediación

Consulta de psicólogos en Madrid

660 63 54 54

Este es el blog de la Consulta "Psicología y Mediación Familiar".

Calle Robledillo 6

Metro Ríos Rosas (L 1) y Nuevos Ministerios (L1,6,8,10)

Visita nuestra web


www.psicologiaymediación.com


https://www.facebook.com/psicologiaymediacion/


Ahora puedes realizarnos cualquier consulta, sin compromiso, por

al 660 63 54 54.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Discurso político vs Discurso en psicoterapia

Si hay algo que me molesta es el discurso político, entendiendo con ello, mítines, artículos, comentarios, ruedas de prensa  de los políticos. Porque lo siento como un discurso que, en su obviedad insultante, me coloca (como oyente) en el lugar de idiota, de ignorante.
El discurso que uno pronuncia configura al oyente. Obvio, pero parece que se les olvida.
Estamos tan prevenidos del discurso político que sólo es necesario que veamos la imagen de un político (cualquiera sea su ideología) para saber qué nos va a decir, cuáles serán sus obviedades, a quién adulará y a quién denostará…
Sin duda que esto puede ser entendido por una cuestión lógica de mantener a sus votantes ideológicamente unidos y sin fisuras. Puede ser. Pero no por ello deja de ser anquilosado, de cartón, falso.
¿Y por qué hablo del discurso en terapia?
Porque intenta, justamente, lo contrario.
Busca una espontaneidad que aquel carece. Buscar romper lo constituido, lo obvio, lo anquilosado. “Yo soy así”, “yo soy de esta manera”  para desde aquí instalar un replanteamiento, una pregunta. “No sé”…. “¿Quizás no soy así? ¿Quizás soy de esta manera en x circunstancias?”
Con esto no quiero decir que no haya en nosotros un discurso que nos defina. Estamos conformados (nos pensamos) por concepciones, abstracciones, razonamientos, pensamientos en torno a nosotros y a los otros.
Pero en  la psicoterapia, a diferencia del discurso político (y a otros tantos), “la verdad” (de lo que soy, de lo que siento, de lo que creo) está suspendida a la espera de ser encontrada una vez que me he  cuestionado, pensado, acerca de esta verdad y dispuesto a encontrarme cambiando, dispuesto a nuevas perspectivas.
“¿Soy así? ¿Por qué me pienso así? ¿Puedo ser de otra manera?”.

Suena idealista desear escuchar un político salirse del discurso del cartón. No hay que perder la esperanza (los micrófonos abiertos juegan a nuestro favor…léase, por ejemplo, a Sarkosy llamando mentiroso a Netanyahu).
No pierdo  la esperanza. Espero mientras, cantando con  León Greco,

“Queremos ya un presidente joven
que ame la vida que enfrente la muerte
La tuya, la mía, de un perro, de un gato,
de un árbol de toda la gente”.


León Gieco. Los salieris de Charly. Del disco Mensajes del Alma.

lunes, 31 de octubre de 2011

El poder de los abuelos

Sí, el enorme poder de los abuelos. No sólo por su fuerza emocional y vincular en nuestra niñez...placentera (si has tenido la suerte de tener una abuela tierna, dulce, comprensiva, quizás con carácter pero cariñosa) u horrorosa (también las hay...que te exigen y regañan...o que escenifican una relación con sus hijos, tus padres, tan terrible que , presenciada por el nieto, queda espantado).
Pero las cosas cambian, pueden cambiar, y mucho.
El tiempo ha pasado. Ahora somos padres/madres con hijos que tienen un abuelo nuevo...y vaya sorpresa!..nuestros padres/madres, con sus virtudes y sus defectos, despliegan sobre nuestros hijos un afecto que resulta difícil no imaginarse que, de niños, uno estuvo también en sus brazos y fue besado, esperado, malcriado, consentido, festejado con pasión.
Un buen estimulante para el autoestima.
¡Salud por los abuelos! Por nuestros hijos, y... por nosotros.

lunes, 10 de octubre de 2011

Creación

Pienso que las personas podemos trascender a través del arte; la música, la pintura, el cine, la poesía hacen “ir más allá” a la persona que los ejecuta. En realidad, me digo, creo que trascendemos creando…y sin duda que el arte en su mayor exponente. Pero ¿sólo en el arte hay creación?
 Con “ir más allá” me refiero a sentirnos siendo, nosotros mismos, únicos, valiosos, eternos en el momento. La creación como acto (y pensamiento) que rompe con lo repetitivo, con lo rutinario, con lo constituido.
El arte también puede ser rutina y repetición.
Creando, pienso en cualquier situación donde podemos encontrarnos a nosotros y a otros de otra manera.
Un padre cuenta a su hijo un cuento por la noche. A diferencia de todas las otras noches el padre, esta vez, siente que es parte de la historia que cuenta y transmite a los personajes del cuento, con su voz, unas emociones que otrora estaban ausentes.
Un madre puede entender por qué su hija adolescente se enfada, con rabia, con ella…es la primera vez que puede recordar como se sentía ella frente a su madre.
Un hombre por la noche. Tras horas de rabia por el daño que sentía le habían hecho puede parar y pensar “¿qué me pasa con los otros que siempre salgo dañado?
Actos creativos…quizás insignificantes… pero regeneradores del sentimiento de vitalidad, de agencia de nosotros mismos. Insignificante y enorme a la vez…enorme en el proceso de permitir a nuestra mente nuevas emociones, nuevos lugares, nuevas maneras de percibir, de entender las relaciones con los otros.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Autocrítica

Si hay algo que nos desgasta es la autocrítica…nos desnuda, nos paraliza, nos exige un esfuerzo de solución sobrehumano…
La autocrítica, la culpa, la inculpación excesiva que inunda, ataca, corroe…y podemos verla en diferentes facetas, bajo diversos rostros:

  • “¿Por qué no has hecho/dicho esto o aquello?
(Esto es, preguntando, afirmando en realidad, que uno ha quedado debajo de lo esperado por sí mismo).

  • “Eres imbécil”, “Eres un/a incompetente” o “Eres un…”
(A través del ataque y denigración directa).

  • A través de la insatisfacción, a pesar de los logros y metas obtenidos,…esa sensación “lo he conseguido y aún así no me siento bien”.

Y es que, mirándonos bien, esta “otra faceta” nuestra se ha ocupado y agenciado un lugar de importancia dentro de nuestra manera de funcionar…por ejemplo,  como manera de activarse a sí mismo, como si no pudiéramos funcionar sino bajo la amenaza del látigo y el castigo.

“¿Qué no te sientes capaz!!?...no te quedes… ¡¡afróntalo cobarde!!

Como manera de controlarnos a nosotros mismos, esto es, como si ante una situación placentera, frente a un logro, la otra parte de nosotros creyera que se nos va a ir de las manos, que no vamos a saber controlarlo…

“No te creas que por haber hecho estas buenas relaciones eres una persona agradable...no vaya a ser que te den un plantón y veas quién eres en realidad!!!”

Bajada de humos, podríamos decir.

Y es que en las situaciones de mayor tensión, entre uno mismo y la autocrítica, las personas sentimos una verdadera división de nosotros mismos, un uno contra uno.

“Parecieran dos personas diferentes que se están peleando” nos dicen algunas personas.

Para colmo, para mayor dificultad, nos damos cuenta que se encuentra bien arraigado en nosotros, no es fácil desmontarlo y, otra característica de esta autocrítica, es injusta. Si, es injusta. Desaparece en momentos en que nos achacamos todo tipo de responsabilidades negativas, eso sí es nuestro!!!...somos inadecuados, inútiles, inferiores…ahí no hay duda…. (Freud lo llamaba masoquismo del yo) y, en cambio, cuando tenemos que recoger aquellos frutos que por nuestras capacidades hemos sembrado... ¡“No te lo mereces!! “Es por la suerte, no has sido tu”. (Freud lo llamaba, como contrapartida del primero, Sadismo del superyo, sadismo de la autocrítica diríamos).

Ay!!! Mi bendita (y sádica) autocrítica.

jueves, 8 de septiembre de 2011

La capacidad de ser padres

 
“Contra sus temores...”  “…ser padre resultó para Rímini una de esas facultades secretas que, mientras nada en el mundo que nos rodea las exige, son a menudo irreconocibles para nosotros mismos, pero después, …” “…por la simple existencia de un estímulo exterior nuevo, saltan a la vista y se despliegan con una eficacia milagrosa, haciendo gala de la idoneidad y la gama de recursos de las que antes nos creíamos completamente desprovistos”. (1)

En este párrafo nos parece muy interesante lo que describe el autor: ciertas facultades (para ser padres) se despliegan, se desarrollan o podríamos decir, incluso, que recién  las podemos ver en nosotros en cuanto “un estímulo exterior” (el bebé) aparece.
A partir de aquí nos surgen dos preguntas:
¿Cuáles son estas facultades (capacidades) que se despliegan al nacer (o adoptar) un niño?
¿Qué determina el surgimiento, o no, de tal o cual capacidad?

En cuanto a la primera pregunta responderemos, siguiendo a Emilce Dio Bleichmar (2), que entre algunas de estas capacidades podemos mencionar las siguientes:

  • “Capacidad para hacerse cargo del mantenimiento de la vida detectando los riesgos para la integridad física, ya sea en forma personal o proveyendo los medios.”
  • “Capacidades para la regulación de los estados fisiológicos: sueño, hambre, dolor, temperatura.”
  • “Capacidad de disfrutar en el contacto, en las exigencias de disponibilidad y de respuesta emocional de la crianza, lo que se evidencia en interacciones afectivas naturales, espontáneas, auténticas y adecuadas al contexto.”
  • “Capacidad para estar presente, disponible y comprometido en los cuidados.”
  •  “Capacidad de pedir ayuda y confiar en los otros.”
  •  “Capacidades para reconocer, respetar y entonar estados emocionales displacenteros sin reprimirlos, sino contribuyendo a su equilibración.”

Estas son algunas de las capacidades que podemos mencionar…y, visto así, la verdad, asusta. Somos padres y punto; o nos planteamos ser padres y ni se nos ocurre pensar en esto. Pero si hacemos una abstracción de nuestra relación con nuestros hijos, podríamos encontrar a cada una de estas capacidades en nuestro día a día.
Debemos decir además que esta mención no es, ni mucho menos, un “catálogo de capacidades para ser padres” ni es, tampoco, un requisito mínimo exigido para tal tarea.

Si observamos como en la pareja de padres (indistintamente del sexo o, en caso de familias monoparentales, aquél que presta ayuda o auxilia) estas capacidades aparecen, muchas veces, como complementarias, como por ejemplo uno de los miembros de la pareja se hace cargo del biberón por la noche, el otro de día, o la madre amamanta al bebé en brazos y el padre cambia, baña, le arrulla…o un miembro de la pareja es quien consuela en momentos de llanto, tranquiliza, mientras el otro está presente en la hora de juego, etc.

También podemos observar en algunos casos que algún miembro de la pareja se siente “incapacitado” (sin capacidad o con déficit de esta), por ejemplo, quizá un miembro de la pareja no puede quedarse solo con el bebé por miedo a no saber cuidarle, calmarle en momentos de llanto, o temer que sin la presencia del otro el niño corra peligro, etc.

Pero así como es claro esta dificultad, también es claro que estas personas “enganchan” con el bebé (son capaces de poner en marcha otras capacidades) en cuanto este ha crecido y, por ejemplo, a podido sentarse, balbucear un “papá” o “mamá”, interactuar de una manera “más social” con este adulto.

Miguel Pedano.

1) Alan Pauls. “El pasado”.Pág. 282. Barcelona, Anagrama, 2003. Entrecomillado y negritas nuestro.
2) Emilce Dio Bleichmar. Manual de psicoterapia de la relación padres e hijos. Barcelona, Paidós, 2005. Pág.448-449.

sábado, 6 de agosto de 2011

Tomarse vacaciones…de uno mismo.

En ocasiones sentimos una fuerte necesidad, no de irnos lejos y perderse, no de estar descansando 10 días en una playa, no…sentimos un fuerte deseo de tomarnos vacaciones de nosotros mismos.
Imagínense. Unas vacaciones de mi conmigo, un alejamiento temporal de mi con yo; una distancia, o mejor que una distancia, un dejarnos de ver por un tiempo.
Vacaciones de uno mismo.
Dejar de tener las mismas ideas y preocupaciones…tener preocupaciones sí pero otras…buscar alternativas diferentes (no siempre las mismas y reiteradas soluciones) a esas preocupaciones. ¡Qué cansancio! Los mismos miedos y las mismas imágenes que le acompañan; los mismos proyectos que alcanzar y sus decepciones; las mismas rabias y enojos…
¡Siempre la misma manera de hablarme a mi mismo!
Quizás pudiéramos pensar que el punto importante puede estar en la relación que mantengo conmigo mismo. Quizá, pienso, si pudiera cambiar esta relación (no tan inquisidora, o no tan exigente, o no tan frustrante…)  pueda comenzar a sentir, pensar, preocuparme, enfadarme de una manera diferente.
Quizás, así, nos podríamos ir juntos de vacaciones.