Psicología y Mediación

Consulta de psicólogos en Madrid

660 63 54 54

Este es el blog de la Consulta "Psicología y Mediación Familiar".

Calle Robledillo 6

Metro Ríos Rosas (L 1) y Nuevos Ministerios (L1,6,8,10)

Visita nuestra web


www.psicologiaymediación.com


https://www.facebook.com/psicologiaymediacion/


Ahora puedes realizarnos cualquier consulta, sin compromiso, por

al 660 63 54 54.

jueves, 2 de febrero de 2012

El odio rencoroso y vengativo

Esto puede sonar extraño, pomposo, alarmante. “Hay  que estar muy mal para sentir eso”, se podría pensar. Pero no, no es así.
Personas que sufren del odio rencoroso y vengativo es más frecuente de lo que se puede pensar. Veámoslo en un ejemplo.
Alguien (una persona cercana, un conocido, una familiar, un amigo, la pareja) nos dice o hace “algo” que nos ofende, nos frustra, nos humilla, nos hiere; desde aquí el sentimiento de humillación y rabia van en aumento. En nuestra mente no dejan de sucederse, una y otra vez, la misma escena en la que nos dañaron y  si surge alguna modificación (donde nos vemos a nosotros mismos atacando al otro, vengándonos, dejándole en ridículo al que nos humilló) esta no tarda en “darse vuelta” y otra vez (ese otro todopoderoso para nuestra mente) nos vuelve a humillar.
Es llamativo que las personas que sufren (destaco el sufrimiento) de odio rencoroso y vengativo expresen estas vivencias de odio como “echar fuego”, algo que les quema por dentro, “escupir bilis negra” o el “clavar alfileres al otro”.
Pao, un autor destacable en este tema, propuso una de las funcionalidades del odio rencoroso y vengativo: “odiar es sentir algo, lo cual es mucho mejor que sentirse con falta de propósito, vacío, amorfo o abrumado por ansiedades. El odio rencoroso y vengativo puede transformarse en un elemento esencial del cual deriva un sentido de mismidad y sobre el cual uno formula su propia identidad”. “No quiero odiar pero tengo que hacerlo. Si no soy una persona que siente odio, no soy nadie. Y no quiero ser nadie”
Entre las posibles causas del odio rencoroso y vengativo varios autores (A.Morrison, Broucek) sugieren que niños víctimas de abuso, tratados con arrogancia y desprecio siente una vergüenza punzante, hiriendo su autoestima y sintiéndose vulnerables a situaciones de la vida diaria. En definitiva, sintiéndose impotentes. El odio rencoroso y vengativo es, por decirlo así, el antídoto ante la impotencia que genera la vergüenza.
Aunque parezca difícil el odio rencoroso y vengativo tiene cura, eso si, con un trabajo terapéutico arduo.


-Pao N (1965). The role of hatred in the ego. Citado por Joseph Lichtenberg y Barbara Shapard en el artículo “El odio rencoroso y vengativo y sus recompensas: una visión desde los sistemas motivacionales”. Revista de Psicoanálisis Aperturas, Nº 8 de Julio 2001.

miércoles, 11 de enero de 2012

El parto, una experiencia única.

No quiero escribir ahora sino sobre un aspecto del parto, uno de los más importantes, junto a la madre,...el bebé.
Tras el embarazo y sus fuertes expectativas,ansiedades y miedos (especialmente aquellos que en nuestra mente representan al bebé en peligro y nos mantienen en un estado de alerta insoportable) se produce esto de lo que quiero hablar: el bebé aparece ante nosotros perfecto, lo sostenemos y , aunque la interacción puede parecer imperceptible (el calor del cuerpo, el olor, el gimoteo del bebé) ¡ahí está!. Cubrimos al bebé de toda nuestra disposición emocional a tal punto que este amor nos quema, nos duele...nos quema porque nos cuesta imaginarnos la vida sin él, que pudiera ocurrirle algo, estamos totalmente dependientes del bebé, todo nuestro ser.
No es raro que suceda esto. Nuestra especie nos predispone al cuidado del niño que depende totalmente de nosotros.Y no es extraño tampoco que, estando tan dependientes con el bebé, otras relaciones (y en especial la pareja) sufran tan fuerte desgaste , sobre todo, durante el primer año.
Este enamoramiento, este amor que quema, se irá diluyendo con los años. Por necesidades del niño.Y por necesidad de los padres.

lunes, 26 de diciembre de 2011

El exceso positivo.

El artículo abajo referenciado (aparecido en El País, con fecha del 7 /09/2011) nos ha invitado a muchas reflexiones.

La primera, que los medios y los personajes públicos trasmiten mensajes que, en ocasiones, son deshumanizantes , incoherentes con la naturaleza de nuestras emociones y sentimientos.

La felicidad como meta humana, la tramitación del dolor y el sufrimiento psíquico como algo innecesario y ajeno a nosotros mismos. Valga el ejemplo, mencionado en el artículo, de "El cáncer es lo mejor que me ha pasado en la vida". Otro ejemplo: en una entrevista radial a un famoso tenista, cuando este asegura que había pasado una mala época por la separación de sus padres, el periodista le pregunta “¿Pero ya eres un hombrecito, no?”.

Modelos machistas (“los hombres no deben llorar”), modelos de las emociones poco realistas, exigentes (“Debes ser feliz”, “Si quieres puedes, todo depende de ti”) que sólo generan, en contra de lo que supuestamente intentan evitar, más dolor y sufrimiento.

"El lado negativo del optimismo" http://www.elpais.com/articulo/sociedad/lado/negativo/optimismo/elpepusoc/20110907elpepusoc_10/Tes

jueves, 22 de diciembre de 2011

Las mujeres que aman demasiado


Podría comenzar por cuestionarme si hay personas que aman demasiado…o cuestionar el título (de apariencia machista) del artículo que sugiere que sólo las mujeres aman demasiado. Pero no. Tomo el título del libro de Robin Norwood que lleva ese título: “Las mujeres que aman demasiado”.

La autora habla de mujeres (y de sus parejas) que llegan a su consulta (y lo corroboramos en la nuestra): mujeres que sostienen vínculos amorosos, relaciones de parejas disfuncionales, conflictivas, patológicas.
¿Qué quiere decir con ello? Vínculos, relaciones de pareja que uno no puede dejar a pesar del daño que nos producen; dependencia afectiva al  otro con un alto grado de sufrimiento psíquico. Eso sí, con la esperanza puesta (a su cargo) en que un día  “el milagro” llegará….
El milagro de que su pareja deje la bebida, las drogas, el juego y sea alguien “normal”. El milagro de poder tener una relación medianamente estable y no la tormenta de idas y venidas…
El milagro de que la pareja le tendrá en cuenta, la deseará, pensará en ella.

La autora se pregunta “¿Por qué resulta tan difícil poner fin a estas relaciones, dejar a esa persona que nos está arrastrando por todos los pasos dolorosos de esa danza destructiva?”

Las mujeres que aman demasiado viene a remarcar unas características específicas encontradas en estas mujeres; el depositar en ellas (asumir la culpa) de lo que ocurre en la pareja; el sentir que acomodándose, de manera abnegada, a su pareja  conseguirán su deseo, su amor, estar en su mente; el sentir, como pasión, la enorme tensión en el encuentro y abandono de su pareja.

Algo que nos pareció muy interesante de este libro es que indaga en las diferentes historias de vidas de las mujeres, sus elecciones, sus vivencias de estar con otros.
¿Cómo fueron/son las relaciones que mantuve?
¿Había un patrón característico que se repitiera en esas relaciones, por ejemplo, me sentía poco valorada, no deseada, poco importante?
¿Hubo alguna relación en donde esa característica se modificó?¿Que ocurrió en ella?
¿Las relaciones comienzan bien pero luego las parejas se cansan de  mí?

Hay hombres que también aman demasiado. Pero en general (e insisto en lo general) la resolución del conflicto en la pareja está depositada en el otro: “el otro es el que no ha sabido estar junto a mí, entenderme, quererme...”, mientras, en las mujeres, la responsabilidad cae sobre ellas mismas.


“Las mujeres que aman demasiado”, de Robin Norwood. Vergara editores.2005.

lunes, 28 de noviembre de 2011

SIDA


El otro día me encontré con un viejo amigo. Me contó, muy afectado, que su hermano mayor había fallecido…de sida, dijo, sin antes titubear y mirarme e intentar anticipar mi reacción.
Cuando intenté indagar más no me dejó continuar. En realidad, no me dejó que volviese a mencionar la terrible palabra. No quería volver a escucharla mientras hablaba de su hermano; no podían tocarse, no debían tocarse. Hermano y Sida.

En la mayor parte de los casos “hasta la fecha, tener SIDA es precisamente ponerse en evidencia como miembro de algún “grupo de riesgo” de una comunidad de parias. La enfermedad hace brotar una identidad que podría haber permanecido oculta para los vecinos, los compañeros de trabajo, los amigos, la familia”. (1)

Todavía nos queda mucho por recorrer…las viejas pautas, prejuicios y juicios en torno a la enfermedad aún generan grandes conflictos en nuestra mente.
Su hermano, una persona valiosísima, “fundamental”, se podría decir, en su vida es mucho más que el cúmulo de imágenes denigratorias, culpabilizantes, vejatorias que nuestra mente aúna en cuanto se evoca la infección por VIH.

Permitir conservar la imagen inmaculada de su hermano era el objetivo de mi amigo.

Permitir que la causa de su muerte no lo transforme en un paria, un drogadependiente, un pervertido debe ser el objetivo de nuestra sociedad.

1.- Extraído del libro de Susan Sontag ““El Sida y sus Metáforas”. Edit. Debolsillo.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Discurso político vs Discurso en psicoterapia

Si hay algo que me molesta es el discurso político, entendiendo con ello, mítines, artículos, comentarios, ruedas de prensa  de los políticos. Porque lo siento como un discurso que, en su obviedad insultante, me coloca (como oyente) en el lugar de idiota, de ignorante.
El discurso que uno pronuncia configura al oyente. Obvio, pero parece que se les olvida.
Estamos tan prevenidos del discurso político que sólo es necesario que veamos la imagen de un político (cualquiera sea su ideología) para saber qué nos va a decir, cuáles serán sus obviedades, a quién adulará y a quién denostará…
Sin duda que esto puede ser entendido por una cuestión lógica de mantener a sus votantes ideológicamente unidos y sin fisuras. Puede ser. Pero no por ello deja de ser anquilosado, de cartón, falso.
¿Y por qué hablo del discurso en terapia?
Porque intenta, justamente, lo contrario.
Busca una espontaneidad que aquel carece. Buscar romper lo constituido, lo obvio, lo anquilosado. “Yo soy así”, “yo soy de esta manera”  para desde aquí instalar un replanteamiento, una pregunta. “No sé”…. “¿Quizás no soy así? ¿Quizás soy de esta manera en x circunstancias?”
Con esto no quiero decir que no haya en nosotros un discurso que nos defina. Estamos conformados (nos pensamos) por concepciones, abstracciones, razonamientos, pensamientos en torno a nosotros y a los otros.
Pero en  la psicoterapia, a diferencia del discurso político (y a otros tantos), “la verdad” (de lo que soy, de lo que siento, de lo que creo) está suspendida a la espera de ser encontrada una vez que me he  cuestionado, pensado, acerca de esta verdad y dispuesto a encontrarme cambiando, dispuesto a nuevas perspectivas.
“¿Soy así? ¿Por qué me pienso así? ¿Puedo ser de otra manera?”.

Suena idealista desear escuchar un político salirse del discurso del cartón. No hay que perder la esperanza (los micrófonos abiertos juegan a nuestro favor…léase, por ejemplo, a Sarkosy llamando mentiroso a Netanyahu).
No pierdo  la esperanza. Espero mientras, cantando con  León Greco,

“Queremos ya un presidente joven
que ame la vida que enfrente la muerte
La tuya, la mía, de un perro, de un gato,
de un árbol de toda la gente”.


León Gieco. Los salieris de Charly. Del disco Mensajes del Alma.