Psicología y Mediación

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martes, 11 de octubre de 2016

Vuelta de vacaciones

A Rita le preocupaba la vuelta, el temido regreso de finales de agosto. No tanto por las tareas, relojes, rutinas que una vez más renacerían en sus días sino porque agosto era el único mes en que Eduardo, por algún misterioso motivo, no la maltrataba.
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No hay nada que haya cambiado. El paisaje por donde pasa el tren, que me lleva al trabajo, al centro de la ciudad, en una torre muy alta desde la que se ve el horizonte. Todo es igual.
Sin embargo…revivo el camino del tren como si no lo conociera, exploro la vieja ciudad como un turista y me siento tentado de preguntarle al portero si es el piso 22 donde se encuentra la empresa donde trabajo hace tantos años.
Hago horas extras sólo para contemplar ese atardecer que tantas veces y nunca he mirado.
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Soraya  se fue de vacaciones aunque no lo estuvo.  Aunque su cuerpo posaba, en apariencia relajado sobre la arena su mente, exaltada e hirviente, repasaba facturas y detalles de su nueva escuela infantil a punto de inaugurar. Pensaba que, quizás, no había sido buena idea tomarse unos días pero se sentía agotada. Vacaciones de espacio, en su mente trabajo.
Cuando realmente se relajaba era pensando la playa que visitaría cuando su nuevo proyecto saliera delante.

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sábado, 24 de octubre de 2015

Motivos para tener un/a amante

Más allá de la las prescripciones morales…¿Cuáles son los motivos internos de un hombre /una mujer para tener un@ amante?

Desde la clínica (en el diálogo en sesión con l@s pacientes) observamos distintas motivaciones:

El más “clásico” de los motivos es el que se da entre la tensión de mantener la familia (temor a la pérdida de l@s hij@s, miedo a la ruptura del vínculo con la pareja y su correlato de pérdida de seguridad, ya sea afectiva o económica, etc.) a la vez que sentirse desead@, amad@, sostenid@ (ya que en muchos matrimonios/parejas el vínculo se ha acartonado, ha perdido vitalidad, deseo).

Otro de los motivos que escuchamos es la venganza: la respuesta a una traición amorosa de la pareja, con su correlato de odio y sufrimiento. Aquí el/la amante es más un instrumento (sirve para vengarse contra el otro de la pareja) más que un proveedor de deseo y amor. Nos resulta llamativo que en ocasiones esta parece ser la única manera de aliviar el sufrimiento de la traición (cuando, como vemos en la primera motivación, no se puede abandonar a la pareja) y  así ahuyentar el fantasma de ese otr@ con el que se ha traicionado. Vemos, entonces que la motivación tiene una doble dirección: vengarse de aquel que nos ha dañado, por un lado, y desbancar del lugar de poder que a ha pasado a tener el/la amante en la mente del traicionad@. Como si en la venganza le dijera “Así como mi pareja te ha deseado/amado a mí me pueden (un otro) amarme y desearme”.

Un tercer motivo para tener un/a amante: negar la dependencia al vínculo con la pareja. Como si en el acto de tener un/a amante se le estuviera diciendo “¿ves? No dependo tanto de ti…puedo tener a otro que me satisfaga, me complazca, me desee”. Estos casos se ven más en los hombres, sin duda que por una cuestión problemática de la masculinidad y la dependencia afectiva.

En las mujeres, hablando por supuesto en general, se puede ver más este caso: se tiene un amante para poder realizar con él/ella deseos y fantasías sexuales (no caigamos en el estereotipo de la pareja heterosexual, no obviemos los amantes en las parejas homosexuales ni, por supuesto, descuidemos las relaciones extramatrimoniales homosexuales en personas que se declaran heterosexuales) .Deseos y fantasías sexuales que se representan como prohibidos a la vez que mantener  la figura de la pareja como un hombre/mujer idealizad@ con el que no se realizan estos deseos sensuales/sexuales.

¿Y tú? ¿Cuál es tu motivo para tener un/a amante?


martes, 23 de diciembre de 2014

El piropo machista

“Quiero un hijo tuyo”

Esta es, en mi opinión, la máxima expresión del piropo machista y, creo, el ejemplo más claro que refleja la problemática masculina en torno a la feminidad.
¿Cómo actúa entonces esta problemática a través de este “piropo”?

Al igual que  otros muchos piropos este muestra de manera transparente el siguiente mecanismo:   a través de una consecuencia para la mujer (la gestación) la dominación masculina (intencionada pero inconsciente), omite, borra el deseo masculino (el deseo hacia la mujer)  transformándolo  como perteneciente a ella (“hijo tuyo”); doble beneficio para estas mentes masculinas: por un lado es la mujer quien desea,  poseedora original del deseo , como si ella dijera “dame un hijo”; por otro lado la cuestión de la gestación nos expresa un mecanismo de control, la mujer quedaría marcada (sólo mencionar que variaciones de este “marcado”, mecanismo de violencia y control, tiene su forma extrema en la violaciones sistemáticas a mujeres y niñas  documentadas en la región de Darfur, Sudán).

Lo interesante, para poder entender qué ocurre en la masculinidad, es pensar por qué esta ofensa verbal no expresa directamente el deseo del hombre (“te deseo tanto…”).  Y es que la masculinidad, aquí rígida y limitadora, se ve imposibilitada a reconocer su deseo, su necesidad y dependencia del otro y necesita proyectarla en la mujer (lo mismo que les ocurre a muchos hombres con sus parejas,  con las que no pueden hablar del dolor que sienten, de sus necesidades con respecto a la relación, etc.). Pero aún refleja más: el marcado nos da cuenta de una necesidad de control hacia la mujer, la feminidad, representada aquí como peligrosa.

Urge construir una nueva masculinidad.

jueves, 6 de noviembre de 2014

Vergüenza

¿Quién no carga sobre sus espaldas situaciones en que se ha sentido avergonzado, en que se ha sentido insignificante, pequeño, mínimo?

¿Quién no ha soportado situaciones de dolor asociadas a la vergüenza?


Pero es que al hablar de vergüenza podemos agrupar en ella:

-aquella vergüenza que regula las relaciones con otros, donde imaginamos situaciones que anticipamos que pueden avergonzarnos y las evitamos.
-la vergüenza lacerante, que hunde nuestra iniciativa y cuyo peso recae, enteramente, sobre nuestra manera de ser.

A esta última también debemos diferenciarla del bochorno, una vergüenza ligada al entorno y que nos hace sentir avergonzados en cuanto estamos sumergido en él. Fuera de esta situación se extingue. Comer con los dedos puede hacernos abochornar en una cena de gala pero en casa lo seguimos haciendo, disfrutando de ello y no nos avergonzamos.



La vergüenza lacerante es distinta, y no está, necesariamente, ligada al rubor o la mirada esquiva.Muchas situaciones en que sentimos rabia o , incluso, culpa, vamos a encontrar que están desencadenados, motivados por la vergüenza.

La vergüenza que afecta a nuestro ser es más dura y complicada.
Nos acompaña por la calle cuando nos imaginamos que las miradas se reposan sobre nuestro cuerpo, sobre aquella parte de nuestro cuerpo que sentimos como deforme, que nos nos gusta.

Vergüenza punzante que tiene múltiples orígenes:


-por que nos hicieron sentir avergonzados en nuestras relaciones más significativas.


-por que nos sentimos identificados con figuras que fueron descalificadas (nuestra madre, por ejemplo, a quién nuestro padre sólo profería calificativos denigrantes , despectivos)


-por que fuimos agredidos física y/o sexualmente.


-por que hemos heredado en nuestra familia vivencias ligadas a ruinas económicas, desengaños, que avergonzaban a nuestros padres , y a nosotros.


-por que formamos parte de un grupo social excluido , que es marginado y depositario de muchos prejuicios.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Las amantes

Hace un par de semanas pudimos leer una noticia que nos llegaba desde Tucumán.
Dos esquelas en La Gaceta recordaban la muerte de una persona, y el asunto repercutió porque una de ellas la ponía la familia del fallecido y  la otra, al parecer, su amante.
No sabemos mucho más del asunto.
Lo que si escuchamos es que el cuestionamiento, la reprobación moral, se lo lleva Susana, la supuesta amante. “¿Cómo publicó una esquela? ¿No ve el daño que le ocasionó a la familia?”
Las amantes… cuyo destino son el oscuro silencio, el llanto en soledad, el anonimato de la doble moral. Y nos recuerda que aún nosotros,  los hombres, en la obstinada cobardía por mantener nuestra forzada grandiosidad, les mentimos, le ocultamos, les cargamos las culpas y las responsabilidades.

Hasta que aparece una tal Susana que lo da vuelta todo.



lunes, 8 de septiembre de 2014

Madres de Plaza de Mayo

El nieto de Estela
Hace  unos días saltó la información que la madre de Plaza de Mayo Estela de Carlotto había encontrado, después de 36 años de búsqueda, a su nieto Guido. Hijo de su hija Laura asesinada, junto a su pareja, a los 23 años por los genocidas de la dictadura argentina.
Guido fue robado de su familia al recién nacer. A Estela le robaron su nieto sin llegar a conocerlo.
¿Las heridas permanecen abiertas porque uno busca, sin cesar, a los seres queridos secuestrados, torturados, asesinados?
¿O es verdad que las heridas se cierran, tras la máscara de la reconciliación, en las cunetas y fosas comunes?
Sólo el desgarrador dolor por la pérdida, la injusticia, el sin sentido y la impotencia permiten a uno esperar tanto tiempo para poner las cosas en su sitio.
La identidad en el cuerpo anónimo.
Los huesos en su fosa.
La lápida, al fin, con nombre.

Guido con su abuela Estela.