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sábado, 23 de marzo de 2013

Los niños del África

Es frecuente escuchar a personas que ante su sufrimiento reciben respuestas del tipo: "fíjate que hay gente que está peor que tú, no sufras, no estés tan mal"..."los niños de África están mal, esos si que sufren".
Este es un recurso útil, calculo con ironía, que puede tener 10 minutos de eficacia, y su problema no es sólo temporal, que dura poco, el problema de convocar el sufrimiento ajeno para calmar el nuestro radica en que tenemos que estar buscando el sufrimiento, los supuestos defectos y fallas en el otro para calmar el nuestro. Y esto es un mecanismo muy poco saludable.
Nuestro sufrimiento es propio, subjetivo, ¡nuestro!
Tenemos que hacer el esfuerzo, ser valientes por decirlo así, para buscar sus causas, sus raíces, ver qué es lo que mantiene ese sufrir para intentar cambiar.
Analizarlo, tocarlo , resolverlo.
A los niños de África hay que dejarlos para aquellos momentos en que queremos colaborar en mitigar sus carencias, el dolor, el sufrimiento ajeno....colaborando con una ONG, un voluntariado, acogiendo un niño, etc.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Divorcio

"Ya me divorcié. El otro día nos fuimos con mi ex -pareja, y nuestros abogados, respondimos unas preguntas y ya estamos divorciados. A pesar que llevamos años separados y yo sentir que todo estaba resuelto...me sentí extraña. Cuando llegué a casa, no sé, me sentí rara. No lloré, pero comprendí....si se trata de quererse o no...y me di cuenta que él ya no me quería".

jueves, 9 de agosto de 2012

Duelos en la distancia*


Emigrar es difícil, es un complicado proceso de adaptación, de acomodación y asimilación. Durante el mismo nos vemos abocados a renuncias múltiples (también a nuevas adquisiciones): nuestra antigua cultura, nuestras familias, amigos, objetos, etc.

Pero si esto ya implica un reto para nuestra mente mucho más lo es el afrontamiento de la pérdida de seres queridos que quedaron en nuestros países de origen.

En general, si no surge ningún imprevisto, las noticias del paso del tiempo, con sus nuevas adquisiciones y enfermedades, llega en torno a nuestros padres. Una intervención quirúrgica, una enfermedad agravada, suelen ser las primeras noticias de que el tiempo, allá, tampoco se ha detenido.

El duelo es otro de los grandes retos que tenemos que afrontar los humanos. Constantes duelos. El emigrar, como señalábamos, implica pérdidas, implica un trabajo de duelo.
La muerte de los seres queridos. Dentro del proceso de emigración, es un proceso de duelo dentro de otro proceso de duelo. Y no es fácil.

La situación variará mucho, sin duda, si hemos dejado a nuestros hermanos o familiares cuidando de ellos, o si, por el contrario, están solos; si las relaciones fraternas son buenas o se han enfriado con el tiempo; si la relación con nuestros mismos padres era buena o no.

Dependerá de cómo sea nuestra manera particular de abordar estas pérdidas, si hemos podido ir a verlos o hemos preferido quedarnos.

Un persona me decía, tras perder hace años a su padre, que la manera que había encontrado para despedirse era escribiéndole una carta a su difunto padre; cómo se sentía, las cosas que extrañaba de él y las que no le gustaba, lo que le hubiera gustado hacer si estuviera vivo era lo que la carta contenía.

Como dice Robert Neimeyer en "Aprender de la pérdida" estas “cartas sin enviar”, como les llama, no tiene por fin “cerrar las heridas” sino, por el contrario, abrir un diálogo en torno a la pérdida y su elaboración.

Otra persona, en cambio, me contaba (con algo de tristeza) que prefería ignorar las llamadas de sus hermanos ante la convalecencia de su madre. Pelear la supervivencia en el exilio ya era mucha carga como para elaborar, por el momento, una pérdida difícil.

-Aprender de la pérdida. Robert Neimeyer.2007. Editorial Paidos.

*Artículo publicado en la revista Argentinos.es http://www.argentinos.es/